lunes, 4 de julio de 2016

CONFERENCIA "LA INFLUENCIA DE LA MÚSICA CRIOLLA EN EL FLAMENCO". LIMA LA ÚNICA, 2 DE JULIO DEL 2016



-Gracias al amigo David Pino, alma mater de la asociación Lima la Única, he tenido la oportunidad de dictar una conferencia para el ciclo "La música en Lima". Me llevé este "guión" que, a la hora de la verdad, usé poco, saliendo lo que estaba de Dios. La verdad es que pude disfrutar mucho dando a conocer datos que nos conectan con nuestra realidad histórica y cultural y sintiendo la sincera y emotiva empatía de los asistentes. El tiempo nos apremiaba pero lo dimos todo. Y como estaba previsto, buena música criolla y buen baile flamenco. Teoría y práctica, que no se diga. Todo enmarcado en la Casa de la Riva, ante el rococó virreinal que también evocaba patios andaluces. Más no se puede pedir.

Les comparto el contenido de mi "guión" y ojalá pronto podamos volver a realizar alguna actividad juntos con Lima la Única.

Válganos, asimismo, la memoria de mi gran maestro y amigo, el poeta e historiador José Antonio Pancorvo, cuya alma está presente en todos estos eventos tan emotivos.

Va por ustedes y hasta la próxima:



AUDIO DE LA CONFERENCIA:

Escucha y descarga los episodios de Lima la Única gratis. Presentaciones musicales y charlas de la conferencia Historia y Anécdotas de la Música en Lima realizada el sábado 2 de julio del 2016 en la Casa... Programa: Lima la Única. Canal: limaradio. Tiempo:…
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LA INFLUENCIA DE LA MÚSICA CRIOLLA EN EL FLAMENCO

Por Antonio Moreno Ruiz


Estimados amigos y asistentes todos; muchas gracias por su presencia en esta conferencia que indaga en la historia de unas raíces comunes a través de la música.

Antes de comenzar quisiera puntualizar que utilizo el adjetivo “criollo” tal y como lo utilizaba en un muy amplio sentido el escritor cubano Alejo Carpentier, quien decía que en América, todo lo que no era indígena, era que había venido de los barcos, y por tanto, criollo.

Como dice el musicólogo español Faustino Núñez, parece que con la separación de España y América, luego de traumáticas guerras, nos enfadamos y nos olvidamos de cuatro siglos de intenso y fecundo contacto. No obstante, al final hay cosas que acaban saliendo. Y es precisamente gracias a que hay una hispanidad musical todavía muy vigente desde el sur de España al Nuevo Mundo que nos estamos volviendo a encontrar.

Con todo, yéndonos al principio de nuestra odisea musical, tenemos que referir un hecho histórico importantísimo: En el año 711, los musulmanes tomaron España; siendo derrotados política y militarmente casi ocho siglos después, concretamente en el año 1492 (el mismo año de la arribada de Colón a Guanahaní), pero cuya presencia se prolongaría hasta el siglo XVII. La llegada de los musulmanes supuso la irrupción de una música oriental que se mezcló con la música que anteriormente había y ya produjo resultados nuevos, cuya herencia hoy aún se puede ver en el norte de África:




Estos acordes orientales están extendidos en verdad desde la India al Mediterráneo, y también lo podemos ver en la música griega:


Con todo, es justo a finales del siglo XV cuando se está dando en los puertos andaluces una interesante fusión de ritmos orientales y europeos. Justo en la época que Colón llega a América; en la época en la que Sevilla se va a convertir en una especie de Nueva York de la época, puesto que amén de ser puerto y puerta de las Indias, de donde salían todos los barcos españoles para América, y a donde también primero arribaban; también va a atraer la venida de gentes de toda España, amén de muchos extranjeros. Y cuando hablamos de Sevilla, no nos circunscribimos sólo a la actual ciudad de Sevilla, sino a un amplio perímetro que abarca toda la Andalucía occidental, desde Huelva hasta Cádiz, y parte del sur de Badajoz. Para hacernos una idea: En Sevilla todavía hay calles que delatan el antiguo origen de sus moradores: La calle Alemanes, la calle Placentines (de comerciantes de Piacenza, Italia); la calle Arfe, que era una familia de orfebres de la actual Bélgica… También la presencia de portugueses y franceses era muy notoria. Y no se debe desdeñar tampoco otras importantes migraciones como irlandeses y griegos. 

En la ciudad Cádiz llegó a haber dos hermandades de genoveses e incluso una colonia armenia.

Hablando de músicas de cariz europeo, podemos ver algunos géneros:



Y así, estos estilos se irían fusionando en Sevilla, que es una ciudad cruzada por el río Guadalquivir, y en Triana, el popular barrio situado al otro lado del río, donde se concentró parte de la población negra de la ciudad;  negros libres muchos de ellos. Todavía existe en Sevilla una hermandad llamada en puridad de Nuestra Señora de los Ángeles, pero conocida por todo el mundo como la Hermandad de los Negritos, pues eso era en su origen. Esta hermandad sigue saliendo en procesión en la Semana Santa sevillana, y nunca ha dejado de ser un referente para los negros católicos afincados en la ciudad.

En el mentado barrio de Triana también fueron a parar algunos moriscos, esto es, descendientes de los musulmanes que habían permanecido en territorio español. No eran “exactamente árabes”: Muchos procedían de hispanos conversos al islam y tenían también cierto mestizaje con norteafricanos.

Adicionalmente, a finales del siglo XV llegan los gitanos a España, y en Sevilla, se establecen en este arrabal de Triana, adoptando muchas costumbres y músicas de los grupos preexistentes. Y si bien apenas hubo gitanos en América, sí que hubo negros, y no nos referimos a los negros arribados por culpa de la terrible esclavitud, horrible negocio de mercaderes árabes, europeos y reyes africanos; nos referimos a los negros libres de Sevilla y Cádiz, los llamados “negros curros”. Negros que en muchos casos procedían de los antiguos esclavos de los musulmanes, y en otros de expediciones y refriegas entre cristianos y norteafricanos. La mayoría fueron libertos. Ya en los primeros barcos de Colón hubo negros libres, y fueron emigrando a América en los años sucesivos, preferentemente a Cuba, que no en vano siempre ha sido un crisol de músicas.

Y estos negros hablaban y vestían como andaluces, dándole su toque personal a la música que se estaba formando.

El antropólogo y músico español Raúl Rodríguez, que es paisano de un servidor; investigando en las raíces de la música andaluza y su relación con América, y homenajeando a los negros curros, y a toda esa formación cultural que él denomina como “Caribe afro-andaluz”, ha editado un interesantísimo trabajo al que ha bautizado como “Razón de son”, del cual ofrecemos un importante avance:





Ahondando en la diversidad de gentes que se daban cita en Sevilla, no debemos olvidarnos de los nativos de las Islas Canarias. De hecho, todavía existe en Sevilla la calle Canarios. A ellos se les atribuye el zapateado vigoroso de punta y talón que será adoptado por los bailarines educados en la tradición musical europea. Aunque también hay que contar con que a muchos esclavos negros se les obligaba a zapatear para que así mantuvieran la forma y llegaran robustos a América. Y estas dos tradiciones irán a convergir en la América virreinal.

Sea como fuere, los canarios de Sevilla impactaron en la cultura de la ciudad así como en toda la Península; tanto así que se creó un estilo musical con su nombre:




Asimismo, las Islas Canarias, también conocidas como las Islas Afortunadas, serán pobladas por diversas gentes. Amén de los nativos que ya estaban allí, llegarán muchos andaluces, cuya forma de hablar la lengua de Cervantes influirá decisivamente tanto en Canarias como en América. Luego llegarán muchos portugueses, amén de vascos, gallegos, asturianos, genoveses, flamencos, e incluso algunos negros y moriscos. Y el papel de Canarias es fundamental como puente cultural y musical entre la Península Ibérica y el continente americano. Canarias es la cuna del ron. En Canarias se establecieron grandes plantaciones de caña de azúcar, así como la cultura del plátano. Y como bien recuerda el gran músico peruano Roberto Samamé, de las Islas Canarias, llegarán las primeras uvas al Perú; y más concretamente: Las uvas que generarán el pisco, el destilado peruano por antonomasia, y todo un referente para nuestra América. Gracias a Luciano Revoredo, autor del libro “El pisco, una declaración de amor al Perú”, he podido saber y apreciar más esta cultura que es santo y seña del criollismo peruano. Y hablando de lo criollo, muchos son los hispanoamericanos que ven proximidad con los isleños canarios, pues no en vano el carácter isleño es tan dulce como empático, tranquilo y amigable; y su fonética, parecidísima a la de este continente.

Ahora que lo pienso, ya que estamos, podemos escuchar una zarabanda, un estilo musical barroco con toques negros que pululaba hace siglos por los puertos andaluces y a partir de estos puertos llegó a América:



Y es que palabras como “zarabanda”, “tango”, “fandango”, “milonga”, “zambomba”; ligadas a la música hispana, proceden del África Negra.

Ya vamos viendo la clara relación que hay desde Andalucía a América a través de la música y trascendiendo las razas. La música es un vehículo cultural impresionante que nos une más de lo que pensamos.

Y hay que pensar siempre en la siguiente ruta que se prolonga durante cuatro siglos:




En el flamenco se dice “ida y vuelta”. En historiografía, sería calificado como “modo de interacción compleja”.

Con respecto a la musicología, que nos puede ayudar a explicar muchas lagunas antropológicas, hay un momento clave para entender la actualidad en determinados sonidos que felizmente asumimos como nuestros: En el siglo XVIII, en la Península Ibérica y, a principios del siglo XIX en los teatros de La Habana, se va a desarrollar el llamado Cante o Género Andaluz; de ahí saldrán posteriormente la copla y el flamenco. El inicio de ambos géneros dio unos resultados y unos moldes muy similares, que luego se fueron distanciando al evolucionar con notables diferencias, pero que nunca estuvieron totalmente alejados, y de hecho, no dejan de complementarse bastante bien. Tanto así que a día de hoy, muchos no sabrían en cuál de los dos géneros insertar las habaneras andaluzas, por ejemplo.

Este “género habanero” se extenderá también por toda Hispanoamérica, siendo la expansión de la zarzuela un factor a contar. En Perú, por ejemplo, da base al payandé.

Y definitivamente, la influencia hispanoamericana en el flamenco es mucho mayor de lo que se pensaba; a tal punto que la base musical del flamenco radica en el fandango antiguo; música que ya el Diccionario de Autoridades de 1735 refiere como “un baile muy alegre que han traído los que han estado en las Indias”. Por eso, podemos definir al flamenco como una fusión de ritmos orientales, europeos e hispanoamericanos. Y es que el flamenco es una música que se define a finales del siglo XIX, como herencia y evolución del nombrado Género Andaluz.

Y bueno, no sólo España influenció: España también se influenció. Como reivindiqué en mi conferencia “La herencia hispanoamericana en el flamenco”(CONFERENCIA "LA HERENCIA HISPANOAMERICANA EN EL FL...), impartida en el Centro Español de Lima en el 2013, existen unos lazos mucho más amplios que los llamados “cantes de ida y vuelta”; pues no en vano, todo empezaría con el patriarcado ostentador del fandango antiguo, uno de los antepasados de la marinera peruana. Este fandango extendió sus múltiples influencias por toda la Península Ibérica, y en el sur en concreto, deja ver su rastro desde la soleá a las verdiales; así como en América se desparrama desde México a Chile, sin obviar al Brasil gaucho.

Vamos a escuchar ese famoso fandango antiguo, a ver qué tal:




Antes hablábamos de las verdiales, que es una música muy localizada en Málaga (tierra del actor Antonio Banderas, entre otros). Pues resulta que en la forma del baile, me recuerdan un poco al pacasito peruano. Como si hubiera un aire de familia. Veamos un par de vídeos comparativos, a ver qué les parece. Primero las verdiales:





Y luego el pacasito:




Hay una base de fandango antiguo.

Asimismo, todavía en muchos pagos hispanohablantes, “fandango” es sinónimo de jolgorio, fiesta, jaleo, bochinche…

Y es que ya en el siglo XVIII la realidad hispanoamericana se afirmaba sobre un poder cultural que ejercía un influjo nada desdeñable en la Vieja Europa. Modelos musicales como la chacona o la zarabanda fueron imitados en las más cultivadas cortes centroeuropeas. No se quedaron atrás otras manifestaciones artísticas: Durante siglos, se fue modelando por todo el Mediterráneo -acaso como señera herencia romana- la iconografía bizantina. En cambio, poco se tardó en crear escuelas autóctonas en el Nuevo Mundo, tales como el arte indio-cristiano de las misiones franciscanas de México, o escuelas como la Cuzqueña y la Quiteña en Sudamérica. Son símbolos vivos de pujanza y viveza, de colorido y expresividad de un mundo cuyo nivel de vida, como dijo el barón de Humboldt, era superior al de Europa.

Vean un ejemplo de la chacona de Bach interpretada por el gran guitarrista Gonzalo Moreno Castro:



¿Se perciben ciertos sonidos como criollos, verdad?

Volviendo a nuestra hispanidad musical criollo-andaluza, cabe destacarse que la rumba flamenca procede de la antigua guaracha cubana, y que sus aires influenciaron en la composición de las colombianas flamencas por parte del cantaor Pepe Marchena, quien a su vez, recibió influencias de los corridos mexicanos; las guajiras flamencas proceden del punto cubano, estilo musical que aún se cultiva en las Islas Canarias; la vidalita y la milonga vinieron a través del folclore argentino; y por fin sabemos que las peteneras forman parte de una creación mexicano-andaluza. La palabra “tango” estaba tan presente en Andalucía como en Cuba desde hace siglos, siendo que en el repertorio flamenco, entra a través de Cádiz a mediados del siglo XIX como el tango de los negros o el tango americano. Esta base musical tanguera por un lado llega a Argentina y se va transformado con otras aportaciones, y por otro llega al sur de España y se aflamenca. Y esto es importante para entender Cuba como gran puerto comercial y estratégico; Cuba como eje cultural y artístico y como concentración de lo español y lo africano; cuyos ecos llegan tanto a los puertos del Callao y de Argentina como a las Islas Canarias y a Andalucía.

Disfrutemos de un ejemplo ilustrativo:




No obstante, reiteramos que esta hispanidad musical es mucho más profunda, pues hay que partir de la primacía que ejerce el fandango como molde musical para entender el influjo y la evolución no sólo de la música andaluza, sino de muchas músicas populares del resto de España. No nos extrañe que no hace muchos años el cajón peruano entrara en la percusión flamenca gracias a Paco de Lucía y sin proceso de adaptación; así como tampoco nos extrañe que, gracias al cantaor Enrique Montoya (y a tantos otros en verdad) comprobemos lo relativamente fácil que es aflamencar algunas músicas criollas; antojándoseme al toque las zambas y las chacareras de la Argentina.





Enrique Montoya y Paco de Lucía hicieron una bulería del inicial ritmo argentino. Y más de un amigo peruano, al escuchar la bulería, me dice que le recuerda ritmo como de Chincha.

El músico Miki González es uno de tantos que en los últimos tiempos se ha dado cuenta de esta relación entre los ritmos flamencos y peruanos, y ello le ha valido para crear su interesantísimo disco “Landó por bulerías”:





La relación del flamenco con la música criolla es un hecho cultural importantísimo, y como tal, ha de ejercer de puente y estímulo de entendimiento para todos aquellos que amamos nuestra gran civilización hispana.

Muchas gracias a todos. Viva el flamenco y viva la música criolla.